Fuego que no tiene nombre, calor diario del norte.
Hogueras de invierno que huelen a hogar, nueva familia, nuevo lugar.
He cantado nuestras canciones a medida que el frío me alcanzaba, he paseado noches por esta jungla de cristal que aquel día vi iluminar.
Empiezo a notar calor, no nos engañemos, va por días. Golpeado lo jueves, dolorido los viernes.
La vieja sabiduría ya oteo al fin, el nuevo calendario marcará un comienzo. Cerraré esta antesala recientemente vaciada. ¿Y por qué no ahora? Es el frío el que me trae de vuelta mi infancia y me acoge entre apellidos y canas.
Pararé pronto a repostar y volveré a encarar estas aguas que estoy aprendiendo a disfrutar. Vaya palos me ha dado el elefante y desde la ciudad del frío no dejan de tirar cables; gracias.
Acaba de pasar por mi mente una tormenta renovada, cada semana un puñado de acordes se mantienen y un manojo de versos cambian su sentido.
Mi bote se ha mellado y cada día he de hacer chapuzas. Sigo escribiendo por mi yo del futuro, para que, cual mensajes en botellas, estos pasos lleguen goteando y vuelva a sentirme un guerrero de esos que cantan las noruegas.
Hoy no es un día especial sino uno más y por eso manchar un papel tiene sentido, no sólo de los momentos más distantes de luz se curte uno.