martes, 26 de septiembre de 2023

Y de repente no estamos

Y de repente no estamos. No estamos allí. No estamos aquí.

Tú en tu presente, yo en el mío. Pies en diferentes tierras, a diferentes velocidades, escuchando diferentes idiomas.
Tú en tu pasado, yo en el mío. Manos ojeando diferentes páginas en álbumes de recuerdos, ojos mirando atrás con diferentes memorias, oídos que escuchan versos y melodías que resuenan a nombres que no coinciden.

Y de repente no estamos. No estamos juntos. No somos dos, uno, no estamos juntos.

Caminamos con la mirada fija y en la mente un destino diferente. Punto y seguido contra punto y final. Viendo ojalás que ya no son en plural.
Caminamos con pies que andan en paralelo y de frente, serpentean entre futuros con carteles a rutas que seguro en algún punto se volverán a cruzar, pero sin duda habrán forjado diferentes viajeros.

Y de repente no estamos. No estamos sintonizados. No vibramos en la misma frecuencia.

Tú a 220, yo a 125. Con energía, luz, pero imcompatibles. O no llega a recargar pilas o quema hasta fundir. Uno aquí y otro allá.
Tú a 440, yo a 432. Seguramente oscilando en el mismo aire, pero no afinados. O demasiado grave y oscuro o brillando por encima del tono. Uno en la corriente común y el otro fuera.

Pasa la página aunque parezca una losa, porque no lo dejas atrás, lo guardas dentro de la historia de nuevo, sólo que ya la conoces.

domingo, 20 de agosto de 2023

Cenizas tras el chapuzón

Gigante. Gigante es todo lo contrario a cómo me siento a tu lado, a cómo me sentí. Siento que me guardé mucho. No lo sé.

Emoción. Emoción pura me virbra y despiertas con ansias de futuro, porque es fácil a tu lado. Siento que eres más que lo que me atreví a decirte. No to alivio y no tengo claro si la pelota está en tu tejado, si ha rebotado contra un frontón o si nunca hubo partido.

Momentos. Todos los vividos juntos y los que, espero, queden por vivir. Me recorren dudas en un cuerpo menos inerte de lo esperado. Ojalá haber plantado una semilla y haber arrojado luz esa que sé dentro llevas y sólo tú puedes regar.

Agradecimiento. Me da vueltas la cabeza y ya seco aun con brillo lacrimoso en cara me planteo si habría sido mejor dejar salir el tsunami ya dentro de la piscina. Frenado una vez más por el miedo a cargarte de responsabilidades y hacerte sufrir. Y qué bonita cara te hace la noche. No sé, noto de nuevo el freno de mano y como dice ese hilo que nos une sólo quería que supieras que "todas las palabras que por torpe nunca supe pronuncias, créeme que siempre las llevo dentro". Ojalá acabes siendo parte de mi rincón salvaje.