Y de repente no estamos. No estamos allí. No estamos aquí.
Tú en tu presente, yo en el mío. Pies en diferentes tierras, a diferentes velocidades, escuchando diferentes idiomas.
Tú en tu pasado, yo en el mío. Manos ojeando diferentes páginas en álbumes de recuerdos, ojos mirando atrás con diferentes memorias, oídos que escuchan versos y melodías que resuenan a nombres que no coinciden.
Y de repente no estamos. No estamos juntos. No somos dos, uno, no estamos juntos.
Caminamos con la mirada fija y en la mente un destino diferente. Punto y seguido contra punto y final. Viendo ojalás que ya no son en plural.
Caminamos con pies que andan en paralelo y de frente, serpentean entre futuros con carteles a rutas que seguro en algún punto se volverán a cruzar, pero sin duda habrán forjado diferentes viajeros.
Y de repente no estamos. No estamos sintonizados. No vibramos en la misma frecuencia.
Tú a 220, yo a 125. Con energía, luz, pero imcompatibles. O no llega a recargar pilas o quema hasta fundir. Uno aquí y otro allá.
Tú a 440, yo a 432. Seguramente oscilando en el mismo aire, pero no afinados. O demasiado grave y oscuro o brillando por encima del tono. Uno en la corriente común y el otro fuera.