martes, 25 de febrero de 2014

Canción bucle desde tu garganta

Me pregunto por qué hay canciones que un día se te quedan en la cabeza.
Que las escuchas una vez por casualidad y todo el día se repite practicamente hasta que otra ocupe su lugar.

Las teclas blancas me recuerdan a ti, el brillo del marfil, madera y barniz.

A veces no es necesario escucharse a uno mismo para saber que está sonando bien. Miras las caras y te aventuras a lo que sea, cierras los ojos y te sumerges en la atmósfera. Un micro clima creado por unos focos y muchas notas, cada uno toca lo que siente y a la vez con una pequeña mirada sabes lo que los demás están pensando.
El virtuosismo destaca y a veces otros quedan de lado, pero más vale que no callen pues su ausencia haría caer todo por su peso.

Esas canciones que se quedan em un bucle son fruto de cada uno de sus instrumentos, de sus músicos; y muchas son fruto de recuerdos.
Tener una que no quieres tener en la cabeza puede ser la mayor tortura del día y si, al contrario, evoca buen recuerdo un placer constante.

Estos días de tu ausencia te me cruzas en mi sueño cada noche y resuenas en muchas canciones, oigo tus teclas ser pulsadas y tu pedal chirriante no para de pasarme por la cabeza.

Hoy el futuro está a un día menos de ser presente, a penas dos; de volver a dar paseos por la costa, de invadirme de tus sonrisas y de que esa canción que resuene en mi cabeza cada día sea tu voz, grave mañanera y placentera durante el resto del día como una obra con varios movimientos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Pequeño libro de tapa dura

A veces se busca un libro concreto cuando vas a una librería, otras veces lo encuentras en la zona de ofertas; parece que son despojos que nadie quiere, otras veces son fruto de recomendaciones.
La casualidad se da cuando parece que te lo encuentras por la calle, cuando lo encuentras de repente y, he de confesar, que son los mejores.
Uno grande es difícil, mucho dibujo y poco contenido. Pero los más difíciles son los pequeños, retienen más intensamente sus palabras y lo hacen más profundamente.
A mí se me presentó y me dejó leer de sí casi sin preguntar. Entrar a su relato, a su historia, hasta el punto de verte escribiéndola también desde más de cinco meses. Al parecer se intentó abrir varias veces y apenas se consiguió, al parecer conseguirlo no es tan fácil, es de tapa dura.
Aparentemente fría, indoblable, ni bajo la lluvia se reblandece.
He de decir que comencé a leer ese libro y estoy enganchado y no lo dejaré hasta que no lo acabe.
Se ve desgastado, apaleado, reprimido, encogido, ha padecido y sufrido pero no por ello no merece un hueco en una estantería vacía, un lector diario que le dedique tiempo.
No opinan como yo, quizás la culpa es mía, debería llamarme egoísta. Egoíst por luchar por lo que más quiero, con lo que más disfruto; el placer de su lectura y lo que forma su boca y acompaña una carcajada.
A veces no hace falta buscar esa sonrisa, única, sino un apoyo, un hombro, compañía, un abrazo. Un hueco en una estantería.
No hace falta dar razones sino acciones y antes de que pienses la palabra, a ti.

jueves, 13 de febrero de 2014

Monstruos debajo de la cama

Saber que cae la noche y la mente comienza a pensar, que al tumbarse una noche más las lágrimas corren por su rostro, las paranoias surgen, son eso, paranoias.
Ve cosas que son invisibles y preocupaciones que otros no tienen, cosa solo de dos y claro, si un corazón tiembla el otro empatiza.
Imagina pensamientos ajenos, la oscuridad la puede y la culpa se encuentra a 8 kilómetros de impotencia.
Podría vencer a su cabeza, pero tapa su luz con las sábanas. Es fuerte, lo sé.
Transcurren mis noches medidas por el contador al refrescar páginas, al ver su última conexión.
Deseando no leer esas dos palabras: "en línea". Deseando que esté descansando, que se repitan es su cabeza palabras que venzan su paranoia, que oye de mensajes ajenos.
Sufre, ve el final, no lo desea. Esto acaba de empezar, queda todo porque aún no se ha escrito ni lo.más mínimo. Lee y sabe escribir, vive un libro que escribe cada día, un poquito uno, otro poquito otro.
Un libro que comenzó a ser abierto no hace mucho, que casi no posee ni título porque aún no hay con que escribirlo, que carece de índice, repleto de hojas pidiendo ser llenadas y que, aún siendo muchas, seguro que faltaran.
El libro se creó con tapas duras, las plumas escriben con la misma tinta.
Aún no se ha escrito el libro y ya está pensando en el final.