viernes, 8 de mayo de 2020

Confinamiento anual arrastrado

Hace calor, un confinado calor externo.
Ayer la noche me hablaba y dialogamos juntos sobre el ayer. Cuánto faltó y cuánto queda. Cuánto ha nacido de aquella tierra ingertil que llevaba meses sin dar señales, sin ver verde.
¿Cenizas? ¿Fénix? Recurrir a un romanticismo fantástico es baladí. Las preguntas que albergaba la Luna coindicían hace unas horas con una respuesta: "llevas tiempo sin vivir tu felicidad". La afición persiste, la tinta arde más que nunca en la piel y hay un "yo" inherente que redefine su ser cada día. Al levantar la vista todo parece aventura, acción en la quietud, en el miedo, en la inseguridad. Un cuarto de vida es pasado, grato sin duda, pero concluso y bien guardado en la estantería.
La soledad abruma, el anhelo de un ser, la necesidad de un abrazo o la falta de una mirada, de esas que llevan un nombre, el nombre de uno, y que te recorren entero. Sí, eso existe.
¿Cómo será? Saber responder, saber ser, qué incierto. ¿Será acaso? Quizá no todavía, quizá nunca. Hay más ganas que en semanas, hay temor, un pie de seguridad estable y otro hacia delante.
A pesar de todo la música llena, respuesta y cerveza es sinónimo de cariño y, aprendiendo cada día, sigo con vértigo a la inmensidad.