viernes, 2 de octubre de 2020

Sombras, vela terminal y un rayo de luz.

Recuerdo el día que pusieron las luces de Navidad el año pasado en la gran ciudad. Ver a esos operarios y grúas casi al final del día, ya de noche, planteando cables y enciendo bombillas.

Qué paradójico. Al momento más oscuro de mi último cuarto de vida la ciudad responde con luz. Cómo cambian las cosas con el paso del tiempo y cómo el final del pozo ya se atisba aun sabiendo que siempre habrá una cómoda cargada de memorias. No suelo hilar páginas de este "cuaderno" más de lo necesario, pero es que este año no habrá nuevo calendario. Sí, a la vela le queda un suspiro, el viejo roble está a punto de quebrar y mi cabeza gira.

"C'est la vie" dirían los vecinos. Sí, se puede perder la mirada y el apetito es una negación. El cuerpo se ve morir y ella quiere marchar.

Vaya año, cuán masacre, apenas un par de hilos rojos sostienen amores pasados ya. Separación en ciudades jóvenes, entre paredes, en mensajeros de la noticia. Veo mi cicatriz cada vez más una orgullosa marca de guerra, pero aún hay un pequeño grado de dolor. Anhelo de lo inexistente, de la mala práxis. Puede que este haya sido el primer año de introspección en mucho tiempo, la transición y final de una generación, el final del gran ventanal, el muro blanco y el techo de madera.

Ay de ti, mal mental físico que te apoderas de ella. Mal por encima del daño imaginario, de la conexión neuronal. Pelota del ping-pong que presionas los cables, los recuerdos, los sentimientos.

Se abre una nueva etapa al final de este tunel, uno con mayor profundidad de la esperada y donde la sombra se guardaba alguna sorpresa. Qué suerte ver quién tenía la llave que podía vestirme de una coraza, qué suerte mi cambio, el tiempo de aprendizaje. Siento que un rayo me ilumina ténue, no creo en el destino, confío en mí y, por suerte, conservo mis botas y creo conocer el camino.

viernes, 8 de mayo de 2020

Confinamiento anual arrastrado

Hace calor, un confinado calor externo.
Ayer la noche me hablaba y dialogamos juntos sobre el ayer. Cuánto faltó y cuánto queda. Cuánto ha nacido de aquella tierra ingertil que llevaba meses sin dar señales, sin ver verde.
¿Cenizas? ¿Fénix? Recurrir a un romanticismo fantástico es baladí. Las preguntas que albergaba la Luna coindicían hace unas horas con una respuesta: "llevas tiempo sin vivir tu felicidad". La afición persiste, la tinta arde más que nunca en la piel y hay un "yo" inherente que redefine su ser cada día. Al levantar la vista todo parece aventura, acción en la quietud, en el miedo, en la inseguridad. Un cuarto de vida es pasado, grato sin duda, pero concluso y bien guardado en la estantería.
La soledad abruma, el anhelo de un ser, la necesidad de un abrazo o la falta de una mirada, de esas que llevan un nombre, el nombre de uno, y que te recorren entero. Sí, eso existe.
¿Cómo será? Saber responder, saber ser, qué incierto. ¿Será acaso? Quizá no todavía, quizá nunca. Hay más ganas que en semanas, hay temor, un pie de seguridad estable y otro hacia delante.
A pesar de todo la música llena, respuesta y cerveza es sinónimo de cariño y, aprendiendo cada día, sigo con vértigo a la inmensidad.

martes, 25 de febrero de 2020

Tiempos, Ritmos y Energías

"Calma", suelen definirme con ese sustantivo con frecuencia. Los comunes lo llamaran "quietud", para los cercanos "reflexión", los más osados: "inacción".
En un mundo cargado de estímulos la respuesta de algunos es institiva y se sueltan dejando fluir sus emociones, se liberan. La pista de baile excede de su madriguera y de cualquier local. Hay gente aplatanada vagueando por las calles y arrastrando los pies, los menos. Quien parece distraído y tropieza hasta con su sombra suele ser sinónimo de acción, de aquella que no se ve a simple vista y que trasciende de las cuenca de los ojos.
Gente con una maraña mental tal que dejan medidos tiempos para poder tener la cabeza en otro mundo, su mundo. Observadores de lo que los rodea y arquitectos de ideas.
Caminar al son de una canción les transporta a un mundo de fantasía, a otra época, a una operación matemática, a una persona. Centrados en "nada" y, a su vez, en todo, su todo.
Qué ocurre cuando la energía ha de ser movimiento aplicado. Cuando sentir es pareja de transmitir y la piel pesa, encadena. Por extraño que parezca liberarse es caminar, la aparemte tranquilidad de la naturaleza es refugio y la música es la llave de la celda.
Una estructura ósea colocada, una firmeza muscular heredada, un reo de barrotes a fuera. Cuán complicado es verlo desde fuera y cuánto mostrarlo desde dentro.
Pararse puede ser respirar, pero también desarrollar una idea. El silencio puede ser el la liberación de uno mismo o la lápida de un eco. 
Hay quien necesita una terra y cerveza fría para frenar su agitado día. Otros sumergirse entre praderas, bosques o bajo el mar. Ponerse frente a un micro, abrir un cuaderno en blanco. Disfrutar de estar.

Conocerse. Medirse. Y en definitiva para qué. Dar un vuelco y actuar. Dejar de ser uno mismo sin hacerlo. Jugar con tus ritmos y energías, disfrutar de las de los demás.

lunes, 3 de febrero de 2020

Siete días dividen las primeras dos páginas

Curiosa semana de rutinario final. Comenzar con una visita inesperada siempre es un lujo. Con un agujero cargado de familia de aquí y de allá, ya sin importar el apellido.
Semana con banda sonora de guerra, de alzamiento militar y amor complicado entre un joven nómada y una afable pastelera. Gracias a una mujer al piano, a sus flautas, a sus cuerdad. A un puñado de suecos que sin duda me harán reír y llorar en apenas unos días.
Decía Petty que estaba aprendiendo a volar y que volver a descender siempre lo más complicado cuando empezaste sin alas. Qué razón tenía hace ya un par de años y cómo su mensaje ha virado haciéndose más propio si cabe.

Siete días que huelen a chocolate y horno de leña, a ginebra, cerveza y niebla de pasarela.
Quién queda cuando el teléfono no suena, cuando la cortesía supera al corazón, cuando una sonrisa no es más que una mueca en un mundo falso donde el susurro tiene más realidad que un canto a pleno pulmón. Vuelve el elefante, el Ebro apenas suena, unad barbas se apuntan a un bombardeo y la litera de arriba se deja entrever un poco más.

Sentado ante una pantalla, o incluso tumbado frente a una segunda, las horas pasan y la luz apenas varía. Por suerte la rutina no pesa y cada poco llega un descubrimiento. Tapetes a doscientas monedas, producto caro de pantera, la voz de Mel Gibson a primera escucha.
Sé que me rodea un universo de caretas, de cartera llena que calza a la derecha y en el que no acabo de encajar. Cada fila cuadriculada es una incógnita en este panal de hierro y vidrio y aunque por el puño de Ulises no pase mañana y los cantos de musas no se dejen oír; que grato es salir de una nube que ahora veo partir sobre mí.

domingo, 19 de enero de 2020

Creo que llegarás

No te conozco, creo, y tampoco puedo afirmar tu nombre. No sé si llegarás, eso espero.
He visto caderas moverse, sonrisas que no llevan mi nombre en estos útlimos días y hay algo que no siento a mi alrededor.
Un vuelco, un empujón irracional, la otra mitad de un equipo anteriormente prometido y ya difuminado. Sin duda es pronto para decir que no llegarás, sería un derrotismo para nada infundado.
Qué queda de mí estos días, cómo habría de definirme y cuánto hay de inseguridades. Paralizado en la multitud sino hay pan líquido en mi mano. Censurado por mis visagras pélvicas y mi pasión por escuchar.
Cada chispa cercana, luz de historias de realidad y ficción, es envidia, anhelo, dolor. Veo memorias en cada nota de un pentagrama, en cada pixel de un recuerdo y, aunque van cesando, no hayan sustituto mental. Romántica, pragmática, divertida y didáctica pareja. Mente y pistola, hueso e intuición.
No sé si te conozco y no sé si llegarás. Si algún día te pondrás tras mi cámara, tras el ampli de mi guitarra, si en este diario aparecerás. Creo en ti, confío en mí. La noche nos abelgará y empezaremos cada aventura con un buenos días, con nuestros errores, juntos.