miércoles, 4 de diciembre de 2019

Bitácora a 04° 12' 36" M

Veo luz en el horizonte, me distraigo cada noche.
Fuego que no tiene nombre, calor diario del norte.
Hogueras de invierno que huelen a hogar, nueva familia, nuevo lugar.
He cantado nuestras canciones a medida que el frío me alcanzaba, he paseado noches por esta jungla de cristal que aquel día vi iluminar.
Empiezo a notar calor, no nos engañemos, va por días. Golpeado lo jueves, dolorido los viernes.
La vieja sabiduría ya oteo al fin, el nuevo calendario marcará un comienzo. Cerraré esta antesala recientemente vaciada. ¿Y por qué no ahora? Es el frío el que me trae de vuelta mi infancia y me acoge entre apellidos y canas.
Pararé pronto a repostar y volveré a encarar estas aguas que estoy aprendiendo a disfrutar. Vaya palos me ha dado el elefante y desde la ciudad del frío no dejan de tirar cables; gracias.
Acaba de pasar por mi mente una tormenta renovada, cada semana un puñado de acordes se mantienen y un manojo de versos cambian su sentido.
Mi bote se ha mellado y cada día he de hacer chapuzas. Sigo escribiendo por mi yo del futuro, para que, cual mensajes en botellas, estos pasos lleguen goteando y vuelva a sentirme un guerrero de esos que cantan las noruegas.
Hoy no es un día especial sino uno más y por eso manchar un papel tiene sentido, no sólo de los momentos más distantes de luz se curte uno.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Canción en el tintero

Salí a pasear en mi barco justo después de verte partir. Fue duro y lo he afrontado desde mi mejor optimismo. Ya en ruta mis sentimientos han variado en función de las circustancias y por suerte he visto flotar botes de amigos que han montado a bordo y charlado durante un rato. Han vuelto a sus quehaceres y yo sigo navegando con la Decepción guardando marcos de fotos.
En el tintero quedó una canción nunca entonada y fruto de ese primer caminar. Me salió en inglés y es el reflejo de un ovillo de sentimientos que poco a poco se va resolviendo. No quería que se perdiera y hoy, algo más de dos semanas después, me he decidido a incluirla en este viejo cuaderno de ruta en el que las penas se plasmaron y el mayor disfrute nunca pisó.

I'm writing a song.
A song about me, a song about you.
With things that you did, with things that I do.

The truth is that everybody failed you.
And now you put a gun on my neck.
Abondoned in the jungle,
Alone in that grey place.

Calling by shouting,
Feeling the darkness,
Warning it was there.

You want to turn this tornado,
Make it spin back,
Return to the past times,
Watch again a smile like that.

Now you are like the Joker,
Smiling at the rest with the pain on your brain,
Making them laugh, having good times,
Crying in bed.

Fifty hours in that room,
Getting up? Why?
There's no need to move

sábado, 9 de noviembre de 2019

Echado a la mar

Parece que sólo recurro a esta hoja en blanco cuando es de noche y en gran medida así es. Hacía tiempo que no cogía el blog con las dos manos, estaba en una nube. Devenires y derroteros son los causantes de acabar en este refugio de tinta digital. Hay novedades y parece que volvemos a un punto de inicio, que algunos días rebosa de energía y otros es lecho de lamentos y recuerdos.

Me he enrolado en un barco. No muy grande y lleno de parches tras algo más de un lustro de aprendizaje. La inmensidad me aterra y más aún la soledad. Ya hace algo más de una semana que ando a flote, sí, a flote, mas navego sin rumbo superando esos momentos en los que las olas me intentan superar, devolver a la costa de la que partí y de la que me distancio con cada nuevo amanecer. ¿Por qué me eché a la mar? Aún no lo sé. Quizá fueron mis méritos o mi ineptitud. Quizá no dependiera de mí del todo, o puede que en el puerto donde residía ya no haya lugar para mí. He cambiado, sí, como todos, y he perdido práctica en esto de navegar. No conozco mis límites, tampoco mis posibilidades y la inseguridad parece ser mi aliada entre cuatro paredes que a veces parecen menguar. Duele saber que has perdido tu esencia, que algo de ti ya no es lo que era. Que faltan pilares y que los escombros abundan, fragmentos guardados en una mochila aún sin marchitar y que me acompaña en una esquina donde cada día, para bien o para mal, se deja ver.

Hay quien insiste en que ya conozco donde ir si me supera el viaje. Que puedo hacer visitas y que el tiempo me hará fuerte, pero serán eso, visitas, yo ya perdí mi hogar. Para algunos queda atrás un lugar en llamas y de dudosa conveniencia para mí, mas yo lo vi crecer y, qué leches, lo quería con sus grietas, sus tonos más grises y su rutinaria atmósfera. Lo quería por sus flores, sus ventanas a lugares aún no visitados y su música, ay su música.

Navego con vela a media hasta, sin saber si quiero ir todavía, sin saber cómo hacerlo, en medio de la oscuridad. El motor aún funciona aunque de vez en cuando se atora, hay que darle un poco de confianza y dejarlo respirar. No veo horizonte todavía, aún es pronto y siempre puedo acabar dando un rodeo, navegando en círculos o descubriendo nuevos continentes. He perdido mi faro, la luz se quedó en el muelle y yo la veo alejarse sin poder dar marcha atrás.

domingo, 10 de febrero de 2019

Distorsión que añora su marfil

Es coger la guitarra y oigo demasiadas melodías. Algunas me transportan a lugares donde nunca volvería, otras llevan un nombre, son las que más duelen. Nombre que me trae aquí, nombre con una sonrisa, sonrisa que quedó atrás. Sorpresas que se perdieron, buses que viajaron vacíos y ojalás ya olvidados.

Cabos cortados y canciones que llevan tiempo cogiendo polvo. Paseos a la luz que brillaba tenue al marchar y que en su día no dejaba de saltar. Cual búho buscando a una ardilla cuando las hojas caían y los tapaban. Distancia esquivando hojas en un otoño diferente. Colores que se apagan sobre lienzos vacíos, caballetes que han dejado de compartir habitación.

La noche perdió dos protagonistas, la oscuridad empapó a uno y arrastró al segundo ante un torbellino de "no más" y de "ayer". Las flechas no vuelan en vano y hay que ser fuerte para tensar la cuerda que las dispara.

La pregunta sigue en el aire ante el basto espacio continental y aún no hay ecos de una respuesta. No pasa nada, muchas montañas separan. Valles y cimas que se han de escalar y superar. Par de aves que vuelan en su propio universo por voluntad, así ha de ser, pero que anhelan compartir una corriente de aire caliente que les guiaba juntos.
Distorsión que añora su marfil, compañera de viaje.

miércoles, 23 de enero de 2019

Reflejos en papel satinado

Un recuerdo no es sólo un momento, una imagen. El click de una instantánea. El flash que ilumina se lleno una cara.

Un recuerdo es más que la frase que precede al disparo. Más que el entorno que rodea una imagen o la ilusión que te llena al volverlo a imaginar.

He visto secuencias de recuerdos, álbumes enteros en los que aparecías Tú, y tú, y tú. Blanco y negro o color con fechas que faltan en un calendario. Casillas que reviven momentos y momentos imposibles de no añorar.

Un recuerdo no es sólo pasado. Un recuerdo se construye, se comparte y, hay veces, que sin haberlo vivido el entusiasmo de un cercano te hace recordarlo como si hubieras estado ahí.

Miles y miles de imágenes que poco ya se imprimen y que demuestran cabreos, alegrías, penas... en definitiva, memoria. Pero un recuerdo es mucho más que todo eso, lo comparten apenas una, dos o un puñado de personas y lo más bonito de ello es que rodea ambos lados de la cámara.