A veces parece que vivo al lado de un espejo. Un espejo de emociones, de mentes de sentimientos.
No refleja cuerpos ni figuras aunque mientras uno refleja su arte con una mano, el otro lado lo hace simetricamente.
Sentados al lado, en bancos que cuidaron mañanas soleadas de corazones solitarios, dibujando, cada uno con su estilo.
Se escuchan risas y carcajadas que tapan lo que antes era primer plano, el ruido de una ciudad en movimiento, el silencio de la soledad.
Un ambiente que solo se crea cuando están juntos.
Si uno es feliz el otro lo es, si uno está triste el otro lo levanta mientras la esquiva la tristeza empática que intenta tumbarlos a ambos, y si uno enferma... Si siente frío al salir al mundo, al soltarse de horas en sus brazos...
A veces piensan igual, a veces se sienten igual, a veces solo continuan gracias al espejo que los mantiene unidos, que desde entonces lo hizo.
Suerte que el espejo no apareció de repente sino que se hallaba en su interior de siempre y la unión de ambas partes lo hace irrompible.
miércoles, 29 de enero de 2014
Sombras sobre un espejo.
lunes, 20 de enero de 2014
Diario múltiple
Un libro que comencé a leer sin darme cuenta, un libro que no tardo mucho en convertirse en diario y ahora lo escribo a su lado.
Un diario de dos.
Valoras la compañía, en leer que la historia se escribe entre dos plumas, diferente tapa, misma tinta.
Saber que aunque una quiera arrancar una hoja la otra continúa escribiendo la historia. Que la compañía es lo mejor que hay y no importa el autor ni el lugar donde se escriba ese boceto vital sino la pluma que escriba a tu lado y siga dibujando para que tú tenas que reengancharte, sino ella tira de ti hasta que te pones a su altura.
De ahí que pase lo que pase los momentos secos y lacrimosos sean breves, de ahí que la historia continúe.
Ni enfermedad, ni distancia, ni tristeza, felicidad, alegría... ambas siguen escribiendo y se entrecruzan sin parar.
Saber que solo una dibuja con su tinta, con su toque personal y al tempo a tu lado, en un único diario, unión de tintas, unión de almas.
Ojos entre una pantalla.
Añoranza de sentirla, se la ve al otro lado, fruto de una cámara, alegre, a veces triste, podría estirar la mano pero nunca alcanzaría a tocarla.
Duele.
Hace las veces de espejismo, de fruto prohibido que te tienta a ser probado pero desde lejos, a varios kilómetros de hecho.
Se muestra feliz porque sabe que estás a su lado, a veces te enseña su arte, te muestra como dibuja o como saber pulsar un puñado de teclas que tú, cuanto más escuchas, te das cuenta de que es un hecho inalcanzable que nunca llegarás a conseguir.
Mejor, al final quién quiere escuchar una canción de verdad sí, disfruta tocándola si es capaz, pero más aún si la escucha de autor. Es mi caso, cualquier obra que fluye entre sus dedos, teclas y martillos que pulsan teclas se convierten en ganas de abrazarla e implotarla, corazón con corazón derretidos, formando uno.
Meses van ya desde el comienzo y en su ausencia cercana que mínimo que verla al otro de una pantalla y poder pasar el día, la tarde o la noche debatiendo de programas, música o riéndonos a carcajada limpia.
lunes, 13 de enero de 2014
Imagen que vale más que palabras.
Por un momento el calor se te va, se detienen los latidos y te recorre un escalofrío.
Miedo. Dolor.
Suena de repente, no es novedad.
Lo malo es cuando algo pasa y no le ves sentido pero lo peor es cuando por un momento sientes que está pasando de nuevo.
"Sigue leyendo" te dice, pero el miedo se apodera, intentas pensar, "¿por qué aprendería a leer?, ¿no digas que es por mí?"
Resulta ser falso, el shock ahí queda, la sangre está coagulada y notas que has perdido algo, calor.
Experimentar que pasaría si volviera todo al antes, a ser aquel anónimo que apagaba las luces al pasar.
Te planteas qué pasaría si el motor decide irse, temes, sufres.
Al final se resuelve como la última vez, la duda y la oscuridad se resuelven al poder admirarla, su sonrisa. Como la última vez.
Sabes que aunque te surja la duda seguirá ahí.
domingo, 5 de enero de 2014
Delirio sobre una cuerda
El amor no deja de ser un suicidio en el que se atan dos corazones que comparten alegrías, tristezas..., al menos el de verdad. Puede sonar a estar anclado, muchos piensan como tal y temen eso, el problema es cuando te atas a un peso muerto y no a una mente que camina contigo.
No es mi caso.
A veces veo que la cuerda se va a romper solo porque por un momento se dobla, a veces veo que se aleja e intento tirar de ella, la cuerda.
¿Hasta cuando?
Tengo claro a que me enfrenté cuando até mi cuerda, porque sí, solo hay y debe haber una, estúpidos son los que van atándose sin juicio alguno. No seré yo quien la corte, no seré yo el suicida que en vez de disfrutar la sonrisa, la felicidad, y el placer de "volar" juntos desperdicie la oportunidad.
A veces no importa quien vuele a tu alrededor sino si si la cuerda sigue atada.
Espero que el otro extremo no sea cortado, no paran de repetírmelo y confío plenamente, pero ahí está el temor, intento usarlo a mi favor y en vez de acobardare dar razones para no se cumplan mis miedos.
A veces no hay que temer a la sombra, y mucho menos si va atada a la luz de su sonrisa, que es única.