sábado, 16 de noviembre de 2019

Canción en el tintero

Salí a pasear en mi barco justo después de verte partir. Fue duro y lo he afrontado desde mi mejor optimismo. Ya en ruta mis sentimientos han variado en función de las circustancias y por suerte he visto flotar botes de amigos que han montado a bordo y charlado durante un rato. Han vuelto a sus quehaceres y yo sigo navegando con la Decepción guardando marcos de fotos.
En el tintero quedó una canción nunca entonada y fruto de ese primer caminar. Me salió en inglés y es el reflejo de un ovillo de sentimientos que poco a poco se va resolviendo. No quería que se perdiera y hoy, algo más de dos semanas después, me he decidido a incluirla en este viejo cuaderno de ruta en el que las penas se plasmaron y el mayor disfrute nunca pisó.

I'm writing a song.
A song about me, a song about you.
With things that you did, with things that I do.

The truth is that everybody failed you.
And now you put a gun on my neck.
Abondoned in the jungle,
Alone in that grey place.

Calling by shouting,
Feeling the darkness,
Warning it was there.

You want to turn this tornado,
Make it spin back,
Return to the past times,
Watch again a smile like that.

Now you are like the Joker,
Smiling at the rest with the pain on your brain,
Making them laugh, having good times,
Crying in bed.

Fifty hours in that room,
Getting up? Why?
There's no need to move

sábado, 9 de noviembre de 2019

Echado a la mar

Parece que sólo recurro a esta hoja en blanco cuando es de noche y en gran medida así es. Hacía tiempo que no cogía el blog con las dos manos, estaba en una nube. Devenires y derroteros son los causantes de acabar en este refugio de tinta digital. Hay novedades y parece que volvemos a un punto de inicio, que algunos días rebosa de energía y otros es lecho de lamentos y recuerdos.

Me he enrolado en un barco. No muy grande y lleno de parches tras algo más de un lustro de aprendizaje. La inmensidad me aterra y más aún la soledad. Ya hace algo más de una semana que ando a flote, sí, a flote, mas navego sin rumbo superando esos momentos en los que las olas me intentan superar, devolver a la costa de la que partí y de la que me distancio con cada nuevo amanecer. ¿Por qué me eché a la mar? Aún no lo sé. Quizá fueron mis méritos o mi ineptitud. Quizá no dependiera de mí del todo, o puede que en el puerto donde residía ya no haya lugar para mí. He cambiado, sí, como todos, y he perdido práctica en esto de navegar. No conozco mis límites, tampoco mis posibilidades y la inseguridad parece ser mi aliada entre cuatro paredes que a veces parecen menguar. Duele saber que has perdido tu esencia, que algo de ti ya no es lo que era. Que faltan pilares y que los escombros abundan, fragmentos guardados en una mochila aún sin marchitar y que me acompaña en una esquina donde cada día, para bien o para mal, se deja ver.

Hay quien insiste en que ya conozco donde ir si me supera el viaje. Que puedo hacer visitas y que el tiempo me hará fuerte, pero serán eso, visitas, yo ya perdí mi hogar. Para algunos queda atrás un lugar en llamas y de dudosa conveniencia para mí, mas yo lo vi crecer y, qué leches, lo quería con sus grietas, sus tonos más grises y su rutinaria atmósfera. Lo quería por sus flores, sus ventanas a lugares aún no visitados y su música, ay su música.

Navego con vela a media hasta, sin saber si quiero ir todavía, sin saber cómo hacerlo, en medio de la oscuridad. El motor aún funciona aunque de vez en cuando se atora, hay que darle un poco de confianza y dejarlo respirar. No veo horizonte todavía, aún es pronto y siempre puedo acabar dando un rodeo, navegando en círculos o descubriendo nuevos continentes. He perdido mi faro, la luz se quedó en el muelle y yo la veo alejarse sin poder dar marcha atrás.