La realidad no es la que vives, es la que piensas tras haber vivido.
Vivimos en un mundo en niebla. Niebla de pasiones, sentimientos...
No la sentimos. No se ve. Vivimos creyendo verlo todo.
Algo aparece de repente y se ilumina nuestro mundo. Lo damos todo. Haremos el bobo ¿por qué no?
Lo daremos todo por la causa.
Fracasa.
Entonces es cuando miras el pasado y ves lo que realmente hiciste y dices: ¿por qué? Pues porque estabas cegado. Se te habian fundido los antiniebla. Carecías de guía y si lo tuviste te llevó por donde y como quiso. Volverá a pasar. No hay luz que dure eternamente.
Aunque no dure un para siempre ojalá la haya hasta morir.
miércoles, 31 de julio de 2013
Los faros antiniebla no vienen de serie.
martes, 30 de julio de 2013
A unos pupitres de ti
Entras. Me miras. Sé que me miras. Sabes que lo sé.
Vas a tu sitio te sientas y esperas. Abres tu libro y lo miras.
Yo cambio de canción y de refilón te miro. Cruce de miradas que se evitan. Ni una palabra. Un "hola" quizás, un "gracias" si da la casualidad.
Cuchicheas. A veces de mí. Rara vez. Lo oigo.
No hablo. Solo escucho tu voz. Esa que pudo conmigo desde el primer día. Esa que ya he superado (creo).
Una mirada casual, quizás a mi compañero de al lado.
Pasa el tiempo. Antes me inquietaba. Ya me da igual.
Haces como que estudias. Te distraes y vuelve a sonar tu voz en la sala.
Acaba una hora a tres sitios de ti. Tardas en recoger, siempre. Sales de las últimas al descanso. Nos levantamos y cruzamos en la puerta. Yo con mis auriculares. Tu con tu amiga.
A veces se oye un ligero "hasta luego", generalmente por mi parte.
Acaba una mañana más contemplándote sin mirarte.
Creo que ya te he superado pero ahí estás, te perdí, pero sigues ahí al lado.
¿Tortura, ayuda o gozo?
domingo, 21 de julio de 2013
Capítulo 1
Me he levantado tarde. Serían las 11:30. Una noche calmada, sin mucho calor y solo un despertar a eso de las 9:30.
Mi madre, en un arrevato de desenfreno, ha decidido dejar sus quehaceres matutinos y bajarse a la piscina; a lo que yo he decidido responder tumbándome en su cama con mi padre.
Sorprendentemente veía una película infantil con un cerdo por protagonista mientras leía un libro sobre la invasión china en la sociedad.
Nos hemos levando y me he ido a tocar la guitarra. He comenzado con algo tranquilo, acústico, y he acabado a ritmo de rock duro ochentero.
Me he sentado un rato a leer en el suelo. "El extranjero" (Camus). Tras 20 páginas he comenzado a dejar ni imaginación fluir lápiz en mano y cuaderno sobre las rodillas.
He comido, pasta (mi madre ha cocinado con calma).
Me he bajado a mi cuarto, me he tumbado, he puesto música tranquila de una lista aleatoria de relax y he avanzado otro poco más en el libro. Me he quedado dormido. Al despertarme he merendado y acabado el libro.
Durante las horas que he pasado en el suelo y mientras leía a Camus no paraba de pensar en ella, sin apariencia física, o si, pero de alma definida. Semejante a la mía, algo idílica, pero no inviable. El físico me era algo irrelevante pero a veces poseía nombre y apellidos (incluso varios). Según mi libro describía a Marie (amante del protagonista) veía reflejada la imagen de mi deseado amor.
He tocado la guitarra de nuevo.
Mi día acaba en una terraza céntrica al amparo de la noche, con mi madre tras cenar con mis padres.
Día no especial, pero acabará como todos; solo, en la cama.
domingo, 14 de julio de 2013
Y..¿quién me alumbra a mí?
Yo no lo sé.
Un día me despertaré y estarás ahí, tumbada a mi lado. Durmiendo. Habremos pasado la noche los dos, juntos, uno al lado del otro.
No se si te conozco, si te conoceré y si se da el caso cómo será. No se lo que diré. Solo se que me costará hablarte. Perdóname, soy tímido, viene de serie.
Sólo se que estás lejos, miro a mi alrededor y no te veo, no te siento. Camino y vivo, y no te siento. Por eso lo sé. En tiempo y en distancia.
Miro por la ventana por las noches y, aunque veo muchas luces, apuntan a sitios ya concretos, otras simplemente al cielo, otras dan vueltas como un faro ayudando a los que vagan de noche y otras simplemente se hayan intermitentes. Pero ninguna me enfoca a mí. Ninguna me deslumbra al mirar. Igual es que me estás apuntando pero entre medias hay otro en su ventana al que deslumbras y que si se aparta dejará pasar la luz hasta mí.
Yo aún soy el faro alumbrando a otros, mirando desde mi isla como los barcos pasan. Yo ilumino a quién quiera, no me importa, soy así, lo hago por ayudar.
El pasado ya lo conozco, lo admito y espero aprender de él. El presente es efímero. El futuro es desconocido.
Solo sé que espero tener un pasado contigo, compartir un presente y tener un futuro contigo.
domingo, 7 de julio de 2013
Corazones en el ártico
Tejido, músculo o cuerpo latente. Es una parte de nosotros que sufre, duele.
Vive de los abrazos, del cariño.
Es capaz de resisitir arañazos y alguna puñalada. Puede soportar varias mas no puede no recirbir abrazos.
Pero poco a poco, con el paso del tiempo y la ausencia de abrazos se va marchitando, apagando, consumiendo. Va cogiendo un color negruzco y sombrío fruto de la falta de flujo sanguíneo.
Sí, ese flujo que se aviva al sentir cercanía, al ver a alguien, recibir una sonrisa y un brillo en los ojos, al recibir amor.
Se va quedando mustio, va hibernando dispuesto a despertar a la mínima (o no) necesidad.
Pero aunque es capaz de hibernar no está diseñado para eso. No soporta el frío y va muriendo, congelado, solo en la nada de la soledad. Sin abrazos. Sin cariño.
Y desde su fría cueva, su iglú del ártico, ve las llamas, hogueras y fogatas de otros que consiguen mantenerse avivados, ardientes, queridos.
Se sentará a observar, a contemplar y velar porque esas luces no se apaguen. Quizás abrace de vez en cuando, pero seguirá engreciendo (y no precisamente a causa del excesivo calor de algún otro próximo) hasta que, si el frío no lo lleva, algún otro visite su iglú y permanezca a su lado.
(Al menos en eso confía)