Miles de calles por recorrer, de caminos que seguir, de casualidades a ocurrir.
El otro día vi a un hombre mayor paseando a buen ritmo a su perro. Le vi pasar una y otra vez por delante de mi. Podía girar donde quisiera e ir donde prefiriera pero ss limita a dar vueltas alrededor de una plaza circular una y otra vez sin parar seguido de su pequeño amigo.
Seguramente ese hombre vagó por varios lugares hasta encontrar esa rutina.
A veces hay algo que hace cambiar la propia, una idea. Un sentimiento que nos hace salirnos de vagar a nuestro triste gusto a estar atados a una rutina constante.
Cuesta cambiar tus cosas, aprender una nueva dirección. Dicen que somos iguales y lo mejor es que casi consiguen llevar razón. Iguales de guatos pero muy similares a la hora de pensar. Si ahí fueramos iguales chocaríamos con un yo constantemente, de ahí que al no ser tan idénticos sea tan perfecto.
Hay gente que las rutinas le cansan y agobian, que girar en torno a algo común y concreto les acaba superando. Y eso es porque no miran atrás y ven que la compañía les sigue, si no es así esque no eligieron bien sobre el qué girar, perseguir, y quién debía acompañarles en tal viaje diario.
Cualquiera habría dicho que ese par era extraño, sólo ellos comprendían sobre que giraban y los demás no lo acabarían de entender. Ni si quiera yo lo hacía pero sólo puedo asegurar uma cosa:
"A pesar de todo yo a ese hombre le vi feliz".