domingo, 30 de marzo de 2014

Un motivo de dos

Miles de calles por recorrer, de caminos que seguir, de casualidades a ocurrir.

El otro día vi a un hombre mayor paseando a buen ritmo a su perro. Le vi pasar una y otra vez por delante de mi. Podía girar donde quisiera e ir donde prefiriera pero ss limita a dar vueltas alrededor de una plaza circular una y otra vez sin parar seguido de su pequeño amigo.

Seguramente ese hombre vagó por varios lugares hasta encontrar esa rutina.

A veces hay algo que hace cambiar la propia, una idea. Un sentimiento que nos hace salirnos de vagar a nuestro triste gusto a estar atados a una rutina constante.

Cuesta cambiar tus cosas, aprender una nueva dirección. Dicen que somos iguales y lo mejor es que casi consiguen llevar razón. Iguales de guatos pero muy similares a la hora de pensar. Si ahí fueramos iguales chocaríamos con un yo constantemente, de ahí que al no ser tan idénticos sea tan perfecto.

Hay gente que las rutinas le cansan y agobian, que girar en torno a algo común y concreto les acaba superando. Y eso es porque no miran atrás y ven que la compañía les sigue, si no es así esque no eligieron bien sobre el qué girar, perseguir, y quién debía acompañarles en tal viaje diario.

Cualquiera habría dicho que ese par era extraño, sólo ellos comprendían sobre que giraban y los demás no lo acabarían de entender. Ni si quiera yo lo hacía pero sólo puedo asegurar uma cosa:

"A pesar de todo yo a ese hombre le vi feliz".

lunes, 17 de marzo de 2014

Felicidad como rutina

¿Cursiladas? Seguramente. ¿Chorradas? Por supuesto. ¿Risas? Aseguradas a su lado.
Medio año de alegrías, de sonrisas, de ti.
Medio año desde que dos palabras cambiaron toda posible que ha salido detrás, todo gesto, todo momento compartido con la soledad, la cual has reemplazado.
Creando un diccionario cada día y escribiendo una biografía a cada segundo, ambas con dos autores.

No hay día que no aprenda algo nuevo, o eso dicen, en mi caso de ti.
Escribir algo cada mes y ya no saber qué decir, porque a veces las palabras no salen, porque la felicidad es más difícil de escribir que la tristeza, porque vale más demostrarla día a día.

Envidian los que no saben elegir, los que no piensan cada momento en un nombre, los que se piensan que es pasajero. Comprometerse tan pronto les equivale a terror mientras eligen carreras para toda la vida. El problema es que esta carrera piensa y como tal requiere asistencia diaria y luchar por no suspender ninguna asignatura (yo creo que es la única en la que me he entregado día a día). Siempre es difícil elegir, pero siempre la elección debe ser la que te guste aunque requiera tiempo encontrarla, y en este caso que dos tengan que realizar ese pensamiento, esa elección puede ser un problema.

La alegría no es más que un simple y efímero sentimiento, mientras que la felicidad es un estado, una sensación constante conseguida al hacer lo que te gusta, al ver que piensas lo mismo que esa persona y que las obligaciones, ceder y escuchar son la base. Suena muy a chapa moral pero no es didáctico, es un hecho. Algo aprendido durante las últimas 6 páginas de mi calendario y de lo cual se aprende cada día un poco más.

Podría añadir mil cursiladas, mil frases de canciones o momentos a recordar pero solo se me ocurre una, "Gracias".
Porque esto solo lo puede escribir uno pero vivirlo es cosa de dos, a ti.

martes, 4 de marzo de 2014

Dos caras ocultas entre un lunes de carnaval

El calor de dos cuerpos desnudos.
El arte de dos en lienzos de piel.
El placer en un baile conocido por ambos.
El amor corriendo entre dos torsos pegados.

Sinceridad llorosa a un palmo de distancia.
Felicidad en dos caras pintadas entre ajenas asombradas.
Soledad nocturna entre dos manos cruzadas.
Ingenuidad en aquellos que no son como ellos.

Caminan dos iguales entre muchos iguales. Irónico que no puedan hacer honor al disfraz que representan porque este se arruinaría. Visten de lo mismo y algunos se preguntan si de verdad están tan unidos incluso les intentan separar. Se opone la luz de la noche a sus caras blancas, se ríen entre ellos de quienes se ríen de ellos. La gente se vuelve amable, gente que les ve cada semana y que ellos ven cada semana y ni siquiera se miran.

Suena el rock por sus esquinas y no gritos bañados de alcohol. Mantienen su rutina aunque les rodee la locura, ellos gozan de tranquilidad aunque se oigan gritos y guitarras, aunque la luz sea oscura y solo se reflejen sus caras. Separados de todos y rodeados por ellos, obviamente exagerado.

Podría decirse su mejor carnaval  sin siquiera saberlo todo, solo ellos lo saben y cada uno piensa:
"el mejor carnaval, el mejor a su lado"