Rubí, zafiro, esmeralda. Un sendero del que cogí una luz y la encapsulé e hice atemporal. Que creí infita e hice eterna y quizá posible, pero sólo era una ilusión.
Por mí. Por ti.
Rubí, zafiro, esmeralda. Te apago y consumo ese castillo de cera que ha hecho de ti una vela donde había esperanza en un futuro del que ya había claro un no.
Quedará tu luz, pero desde luego será propia y no la intentaré encapsular. Para que cuando entres en mi casa sigas ilumunando, pero te marches con ella porque es tuya y siempre lo fue.