Pínchame que me siento inundado a estas alturas de la noche de aquella sustancia azul que parece no consigo acabar de drenar. Que como la marea del Cantábrico tiene sus momentos más bajos y sus épocas más vivas.
Parece ser que funciona con alguna especie de luna. Llena de cráteres y heridas más o menos cicatrizadas. Que habitúa llevar gafas y le hace a mi sustancia de imán.
Pínchame porque parece ser que no entiendo de tiritas y cicatrices. Que ya te convertí en queloide y te noto cada vez que me rozo la piel.
He probado a extraer un poco y ponerla bajo el microscopio. He compartido mis conclusiones y sigo haciendo anotaciones. He destilado sus porqués entre sábanas, buses y paseos. La siento burbujear cuando suenan ciertas canciones y ni con frío ni calor pierde sus poderes.
Hoy la siento temblada. Como un buen guiso al que se le ha dedicado tiempo y se le ha dejado reposar. Noto en mis recuerdos su reciente ebullición y ando buscando esa jeringa que consiga sacarla y guardarla en un álbum de fotos.