Sería difícil describir todas esas cuerdas que me atan a ti, todas esas prendas, esas telas que nos separan.
Bajo la oscuridad, tentando a la suerte. Frío, en verano. Cuerpos que arden demasiado y pegados deben permanecer para no destemplarse.
No hay manta ya capaz de dar calor, no hay líquido capaz de calmar su sed. Desprenden sudores hirvientes, resecan sus cuerpos, se pegan, se unen.
Bajo una lluvia constante, ardiente, todo azulejo queda frío. El ruido calmado del agua al caer, cuerpos cantantes, melodías de placer.
Avanzando juntos, ascendiento temperaturas hasta casi fundirse entre sí. Divertirse entre sus pieles, sus caderas, la simpleza de los tonos opuestos de sus cuerpos.
Toda ebullición decrece y como no podría ser de otra forma, los pianos resuenan, los lienzos se tiñen y las guitarras traspasan los muros en modo, mayormente, menor.
No sabría que título poner a esta obra. Música sencilla entre dos autores complejos, propios. Díficil es como llamar a esta entrada sin llamarla con tu nombre, sin darte las gracias, y como cada paso, cada pisada, todo suma. Gracias.