Intentando ordenar palabras sin letras ¿Por qué actuar y porqué no hacerlo? Ordenar pensamientos o simplemente vomitarlos, es igual. En cualquier caso lo complicado es escoger el momento y de nuevo la incertidumbre se apodera de mis pensamientos y me dice: "no lo fue, sí lo fue, nolo fue, sí lofue, nolofue, sílofué...". Fue una tarde donde lo cotidiano era perfecto, donde el pasado marcaba el ritmo y donde de vez en cuando me dejaba ver movimientos hasta entonces desconocidos.
Cambió la luz y ya no era la calle mi lugar. La cama fue una breve compañera, más que la noche anterior, pero ahí me lo mostró. De nuevo veía la duda en el aire: ¿Órdago? ¿Un nuevo espejismo? Ya era fácil en el lugar donde la dama escondida cantaba y el amanecer daba una nueva oportunidad.
Tenía que hacerlo y así lo hice, recordarle sus palabras. En este momento dudo una vez más de si esto tiene sentido, de si es la verdad. El caso es que el sol y el calor recordaban a sur, la comida a norte. Conocía un mundo a través de una mirilla y, de repente, me encontraba en una habitación, revuelta y también cargada de dudas. Un lugar azotado con frecuencia por tormentas, pero en el que me habría quedado. Sentía haber roto el muro, la coraza que ella presenta y que no muchos traspasan.
Oía mi cabeza cuando la palabra daba un respiro y me decía que tenía que actuar, no lo hice, la tarde simplemente fluía. Se abrían planes y costaba cerrar la puerta y fue ahí donde descubrí por qué había perdido el apetito. Creo que la resaca me va a mantener en ayuno aún un día más y en el horizonte hay fechas concretas que agrandan el nudo. El día a día me da... ¿miedo? Ella calle abajo, yo caminando hacia el agujero y con la necesidad de vomitar sin estar mareado, porque sí, había bebido, bebido demasiado de una mente. Estaba borracho de ella, de tanta información y de un licor fermentado con artistas y elementos de aquí y de allá en un hogar quebrado. Como dos cervezas homónimas a ambos lados del Atlántico. ¿Era la manera? Tenía que haber una, tenía que hacerle llegar mi duda, aquella que tenía desde hacía meses y que un paseo y una cámara no habían hecho más que rotular en mayúsculas.
Rara vez pienso si este es el lugar y quizá por ello tardo en volver, o igual porque esta especie de diario tiene un tono que solo ambientes concretos me dan desde hace años ¿Me calmará un instrumento? Dedos sobre las cuerdas o serán membranas y cables. No sé si quiero ocupar mi asiento, cerca y lejos. Adelantarse a los acontecimientos no hace sino aumentar los latidos. Siento que mi piel vibra, tiene un zumbido constante que me incomoda. Hacía demasiado tiempo que no me sentía así.
Intento saber si eran las maneras, si son las maneras, cuáles han de ser las maneras. Me he tenido que apoyar en un pilar que no tiene las respuestas, pero que me pone un espejo delante para que vea más claras las preguntas.
Abro otra vez estas páginas y no sé si volveré. Aún no he echado andar y ya siento que me da vértigo, pero no me malinterpretes desde el futuro. No cambiaría ni un minuto, la mejor tarde puede joderte una semana, un día, una noche; y menos mal que lo ha hecho. Siento que he descubierto un mundo que en cualquier caso me gustaría tener cerca y una cabeza con criterio que alberga una mente nublada. Que suerte la mía que me he criado en un lugar donde aprendes a orientarte entre la niebla. ¿Las respuestas? No lo sé, solo soñé con un paseo y eso fue, ni Orfeo me dejó ver el futuro; solo ella conoce el paso entre los tres caminos: dos paralelos, uno central más ancho.
. Y ahora te hablo a ti, página en blanco. Ni yo que me escribo ni tú que me lees. Hablo con el rectángulo luminoso y te digo que espero no volver porque ayer el presente estaba en las calles y tú no salías del bolsillo, qué placer. Te digo que no sé si volveré y espero no hacerlo.