lunes, 17 de marzo de 2014

Felicidad como rutina

¿Cursiladas? Seguramente. ¿Chorradas? Por supuesto. ¿Risas? Aseguradas a su lado.
Medio año de alegrías, de sonrisas, de ti.
Medio año desde que dos palabras cambiaron toda posible que ha salido detrás, todo gesto, todo momento compartido con la soledad, la cual has reemplazado.
Creando un diccionario cada día y escribiendo una biografía a cada segundo, ambas con dos autores.

No hay día que no aprenda algo nuevo, o eso dicen, en mi caso de ti.
Escribir algo cada mes y ya no saber qué decir, porque a veces las palabras no salen, porque la felicidad es más difícil de escribir que la tristeza, porque vale más demostrarla día a día.

Envidian los que no saben elegir, los que no piensan cada momento en un nombre, los que se piensan que es pasajero. Comprometerse tan pronto les equivale a terror mientras eligen carreras para toda la vida. El problema es que esta carrera piensa y como tal requiere asistencia diaria y luchar por no suspender ninguna asignatura (yo creo que es la única en la que me he entregado día a día). Siempre es difícil elegir, pero siempre la elección debe ser la que te guste aunque requiera tiempo encontrarla, y en este caso que dos tengan que realizar ese pensamiento, esa elección puede ser un problema.

La alegría no es más que un simple y efímero sentimiento, mientras que la felicidad es un estado, una sensación constante conseguida al hacer lo que te gusta, al ver que piensas lo mismo que esa persona y que las obligaciones, ceder y escuchar son la base. Suena muy a chapa moral pero no es didáctico, es un hecho. Algo aprendido durante las últimas 6 páginas de mi calendario y de lo cual se aprende cada día un poco más.

Podría añadir mil cursiladas, mil frases de canciones o momentos a recordar pero solo se me ocurre una, "Gracias".
Porque esto solo lo puede escribir uno pero vivirlo es cosa de dos, a ti.

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