sábado, 9 de noviembre de 2019

Echado a la mar

Parece que sólo recurro a esta hoja en blanco cuando es de noche y en gran medida así es. Hacía tiempo que no cogía el blog con las dos manos, estaba en una nube. Devenires y derroteros son los causantes de acabar en este refugio de tinta digital. Hay novedades y parece que volvemos a un punto de inicio, que algunos días rebosa de energía y otros es lecho de lamentos y recuerdos.

Me he enrolado en un barco. No muy grande y lleno de parches tras algo más de un lustro de aprendizaje. La inmensidad me aterra y más aún la soledad. Ya hace algo más de una semana que ando a flote, sí, a flote, mas navego sin rumbo superando esos momentos en los que las olas me intentan superar, devolver a la costa de la que partí y de la que me distancio con cada nuevo amanecer. ¿Por qué me eché a la mar? Aún no lo sé. Quizá fueron mis méritos o mi ineptitud. Quizá no dependiera de mí del todo, o puede que en el puerto donde residía ya no haya lugar para mí. He cambiado, sí, como todos, y he perdido práctica en esto de navegar. No conozco mis límites, tampoco mis posibilidades y la inseguridad parece ser mi aliada entre cuatro paredes que a veces parecen menguar. Duele saber que has perdido tu esencia, que algo de ti ya no es lo que era. Que faltan pilares y que los escombros abundan, fragmentos guardados en una mochila aún sin marchitar y que me acompaña en una esquina donde cada día, para bien o para mal, se deja ver.

Hay quien insiste en que ya conozco donde ir si me supera el viaje. Que puedo hacer visitas y que el tiempo me hará fuerte, pero serán eso, visitas, yo ya perdí mi hogar. Para algunos queda atrás un lugar en llamas y de dudosa conveniencia para mí, mas yo lo vi crecer y, qué leches, lo quería con sus grietas, sus tonos más grises y su rutinaria atmósfera. Lo quería por sus flores, sus ventanas a lugares aún no visitados y su música, ay su música.

Navego con vela a media hasta, sin saber si quiero ir todavía, sin saber cómo hacerlo, en medio de la oscuridad. El motor aún funciona aunque de vez en cuando se atora, hay que darle un poco de confianza y dejarlo respirar. No veo horizonte todavía, aún es pronto y siempre puedo acabar dando un rodeo, navegando en círculos o descubriendo nuevos continentes. He perdido mi faro, la luz se quedó en el muelle y yo la veo alejarse sin poder dar marcha atrás.

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