domingo, 8 de diciembre de 2024

Compañeros de azotea

Siento un deseo irrefrenable con cada tic del reloj. Con cada tac. Un deseo que me nubla la distancia que nos separa distorsionando cada paso e impidiéndome ver si es un kilómetro, un metro, un centímetro. Que late más fuerte a medida que una noche se alarga sea entre dembows o guitarras. Limón o cola.

Siento un deseo que me embriaga y se acentúa embriagado. Que busca las grietas y rendijas que intento negar, pero que tu calor dilatan. Que me da malas resacas y me hace cuestionar si la culpa fue mía por pasarme de líquido o si en realidad tengo resaca de ti.

Siento un deseo que sé que es un espejismo que he de ignorar. Que escucha melodías y se ha hecho fan de ti y tus maneras. Que me hace mal estando bien, y joder qué bien sienta.

Siento un deseo que se olvida de que eres canto de sirena y que aunque hoy me estira el brazo y no te roza, me hace creer que estás cerca. Un deseo que ya sé que hiberna y que tan pronto amenece vuelve a dar guerra en mi cabeza. No espero a que seas el martillo que saque un clavo, sólo espero poder abrazar ese deseo y, al menos, poder darle una cama y asumir que, lo quiera o no, somos compañeros de azotea.

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