Llueve.
Llueven lágrimas. Tristeza. Soledad.
A veces sisea un viento, alguna palabra. Pocas, no hay fuerzas, no hay ganas.
Alguien, ingenuo se opone a la lluvia y esta le responde con un gran trueno. Un grito, un portazo, una mala cara.
La lluvia llora, y se hace hombre. Se planta solo en medio de la calle, de noche, alumbrado por una tenue luz, la suya, la que le queda.
Grita, grita hasta que no puede más. Todos los día, todas las noches.
Se va cansando de gritar, se va quedando sin voz. No le queda otra que beber de la lluvia, de sus lágrimas para volver a gritar de nuevo.
De pronto, y al borde de marcharse de una vez y abandonarlo todo, pega un último grito.
-¿Y ese sonido?
Un susurro, leve. Vuelve a gritar y de nuevo lo oye. Viene de lejos y se va acercando. ¿Un eco? ¿Ahora? ¿Una respuesta? ¿Alguien le ha oído?
¿Pero quién?
Una pequeña luz surge de lejos, de menor tamaño pero algo más de intensidad.
Se va acercando hasta llegar a él.
Una figura de mujer, pequeña, dulce.
Ambos caen uno sobre el otro y se sujetan entre sí.
Llegó en el momento justo y necesario. Ambos abrazados.
Y entonces, dejó de llover.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Un eco entre la lluvia.
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