Y entonces entré y le vi. Ahí estaba, sentado en aquella silla vieja. No era una silla fuera de lo común de hecho, era exactamente igual que las de su alrededor, o al menos lo era cuando se sentó el primer día de apertura; pero era la suya.
Estaba sentado bebiendo su café, solo con hielo, como siempre. Al lado migajas resto de una magdalena que había pedido para desayunar.
Como siempre.
Leía un pequeño libro, posiblemente de algún filósofo o algún escritor del siglo pasado.
Tenía el dinero preparado, pues ya sabía lo que le iba a costar fruto de la rutina.
Entonces sacó un pequeño papel y comenzó a escribir. Desde mi asiento se podía ver vagamente qe comenzaba por una frase corta y continuaba en tres o cuatro párrafos.
Posiblemente una carta.
Tachó un par de cosas.
Entonces entró una mujer, él se levantó y pidió un whiskey. Pago en el acto y volvió a su asiento, dió la vuelta a la hoja y continuó escribiendo.
Curiosamente estaba estructurando la segunda cara igual que la primera.
Una vez acabado el whiskey se levantó y fue a hablar con el hombre de la barra, el cual hizo un extraño gesto y posteriormente asintió. Entonces se acercó a la señorita sentada a un par de mesas de distancia y ésta le dio un mechero.
Fue a su sitio.
Se sentó agarró el papel, encendió el mechero, lo prendió y se quedo mirando como se consumia mientras lo sujetaba con la mano. Cuando ya casi iba a quemarse los dedos sopló y lo apagó, se levantó, le devolvió el mechero a la mujer, se puso sus auriculares y salió por la puerta.
martes, 3 de septiembre de 2013
Uno más sentado.
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