He cerrado la tapa de un diario que temo volveré a abrir. He cambiado ya dos veces de calendario sin separarme de él y al fin me atrevo a colocarlo en la estantería, entre decenas de ficheros que el tiempo hace desaparecer. Fotos, frases, lugares, preguntas y sonrisas.
He perdido tu nombre en algún punto entre Pirineos y Valladolid. Entre la nieve y el río, pero aún queda hueco en blanco para una firma.
Te escribo con remite, pero sin destino.
Ver los mil ojos que observan emplumados rodeados de verde y gris y la curiosidad pelirroja que baja de los árboles. Beber una cerveza y jugar al billar. Que la cerveza lleve casco de astronauta y al billar lo rodee la voz de Robe, Koma, Rosendo o Kiss.
Ver a Kafka entre Berlín y el garito Bizarro. Ver las murallas del pasado y las piedras que levantaron reyes antes de comer lo que da esta tierra de amarillo. Recorrer el laberinto donde aprendí y, por qué no, escuchar melodías en lugares que un día lo tuvieron prohibido.
Nuevo diario, distintas tapas y misma tipografía firmada por la rúbrica que un día brilla y varios se siente oscura.
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