Clinc. Una moneda. Clinc. Una moneda. Clinc. Otra moneda. Clinc. Y otra más.
Bajan las cerezas, suben las cervezas y brilla ese extraño ser que tienes frente a ti. Diseñado romo y vestido con un diseño que lo hace único. Como un lienzo blanco salpicado por recuerdos, anhelos, deseos y rock n' roll.
Un primer contacto y, por probar... ¿por qué no? Sacas la moneda y: "empieza el juego". Quizá vuelvas al día siguiente, pero lo más seguro es tardar unos días en volver a enfrentarse cara a cara a la máquina. De nuevo, otra moneda. Sigue el juego. Lo que no ves es que en la vuelta a casa ya vas cegado por la máquina. Las cervezas, sus colores y el rock n' roll.
Más pronto que tarde te das cuenta de que sólo tú insertas moneda. Sólo tú haces girar el juego. Sólo tú vas a verla mientras ella se queda inmóvil (seguramente no por que no quiera, sino porque no puede moverse).
Lo que parecía un nuevo juego con un gran cartel luminoso rollo "Viva Las Vegas", pronto demuestra sus cicatrices y ataduras al pasado. Igual no quería una nueva moneda que comenzara un nuevo juego. Puede que sólo quisiera un abrazo, y ya es tarde. Ya metiste la moneda y te has convertido en jugador.
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