martes, 10 de junio de 2025

Delgada línea hacia la ludopatía

Clinc. Una moneda. Clinc. Una moneda. Clinc. Otra moneda. Clinc. Y otra más.

Bajan las cerezas, suben las cervezas y brilla ese extraño ser que tienes frente a ti. Diseñado romo y vestido con un diseño que lo hace único. Como un lienzo blanco salpicado por recuerdos, anhelos, deseos y rock n' roll.

Un primer contacto y, por probar... ¿por qué no? Sacas la moneda y: "empieza el juego". Quizá vuelvas al día siguiente, pero lo más seguro es tardar unos días en volver a enfrentarse cara a cara a la máquina. De nuevo, otra moneda. Sigue el juego. Lo que no ves es que en la vuelta a casa ya vas cegado por la máquina. Las cervezas, sus colores y el rock n' roll.

Más pronto que tarde te das cuenta de que sólo tú insertas moneda. Sólo tú haces girar el juego. Sólo tú vas a verla mientras ella se queda inmóvil (seguramente no por que no quiera, sino porque no puede moverse).

Creerte el salvador de una máquina es una insensatez. Y más cuando te enfrentas a un complejo sistema que tan pronto te muestra información, como te la oculta. Un entramado de engranajes lleno de luces, colores y estímulos al que ¿cómo no resistirse y caer? Un personaje con sus propios problemas. Quizá alguien jugó demasiado con ella, quizá ha visto a muchos pasar hoy, quizá símplemente esté cansada...

Lo que parecía un nuevo juego con un gran cartel luminoso rollo "Viva Las Vegas", pronto demuestra sus cicatrices y ataduras al pasado. Igual no quería una nueva moneda que comenzara un nuevo juego. Puede que sólo quisiera un abrazo, y ya es tarde. Ya metiste la moneda y te has convertido en jugador.

No hay comentarios:

Publicar un comentario