Hombre renovado. Ser cambiado. Su cabeza está hecha un lío. Superado su problema la bola ha aumentado. Él no conocía el amor. Él estaba solo. Estaba bien. Pero se mal acostumbró. Encontró a alguien. Se hundió cuando volvió a estar solo. Una fugaz estrella no bonita no madura pero que le resaltaba emoción se cruzó en su vida. La contemplaba día y noche. La dedicaba palabras desde dentro pero no como a su antiguo y primer amor. Pero la estrella fugaz siguió su camino y el decayó. Entonces una manzana, madura, correspondida, atada a un árbol. A la que hacía mucho que observaba le dedicó su tiempo. De muchos he sabido que hacer actos de voluntad desde el corazón no se busca la correspondencia mas cuando se encuentra, por mínima que sea, la flecha envenenada del amor atraviesa su corazón. Él estaba feliz. Pero porque sabía que estaba feliz la manzana. No importaba el que estuviera atada a un ancho roble. El la veía feliz y la flecha le cegaba. La manzana se ha caído. Él no la quiere dejar ahí quiere levantarla y que no se pudra en un suelo de decepción. No se deja. No por él. Su empatía lo hunde. Su nueva ética eudemonista lo supera. Poco le falta para estallar. ¿Y si lo mejor es dejarla y que alguien la levante? ¿Y
si que él lo intente no es la voluntad de la manzana? ¿Qué hace? ¿Qué debe hacer? Él la da lo que tiene clava su espada de amor y cariño. Hace touches en su corazón. No puede evitarlo. Una fuerza le impulsa a ello. ¿ Debería contenerse? ¿Debería no volver al lugar donde esta la manzana? Debe pensar. Por suerte su planta de amor ha pasado a segundo plano. Aun recuerdo de primer amor. La estrella fugaz ha vuelto a pasar. La contempla con otros ojos pero no la dejara ir. Vale la pena. Y la manzana... Debe pensar.
lunes, 1 de abril de 2013
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