domingo, 21 de abril de 2013

Lúcido tras la botella

La gente bebe para olvidar. Yo bebí para olvidar pero sólo acabé olvidando lo que bebía. El caso era beber, ahogar penas en alcohol. No. Yo bebo por el placer de beber, por saborear esa bebida lonjeba e histórica. Probar el sabor de lo que otros años atrás probaron. Pensar en islas, arena blanca y fina, playas desiertas y palmeras, donde solo estabas tú y tu cabeza, un navió de velas grandes. Ondeante una vela negra en el palo mayor. Solo tú. Tu cabeza y una tripulación. Aguas cristalinas fusionadas con el cielo azul. Sufriendo malos momentos. Tempestades poderas que inestabilizaban tu buque. Tu vida. Solo la bebida para olvidar. Cada trago era como agua que corria por el cuepo y calmaba tu sed. Sed de amor causada por la soledad de la mar.
Me identifico con ellos. Anhelo tanta soledad. La libertad. Pues cuando alguien se cruzaba en.el.rumbo de tu barco significaba hostilidad y habia que defenderlo porque tu vida era ese conjunto de tablas y cabos. Saber ser fuerte y deferderlo hasta la muerte y esperar que a su regreso un corsé espere en el muelle tu regreso.
Ahogar penas en sabores históricos como antes otros lo hicieron y defender tu vida, no dejar que te hundan pues moriras solo en la inmensidad de la mar flotando a la deriva en una tabla, pequeño fragmento,.recuerdo, de lo que fue tu vida.

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