miércoles, 11 de diciembre de 2013

Rayos de luz en una noche sin tormenta

Caía la noche y algunos se deleitaban escuchándola tocar, otros ansiaban verla y se dirigían hacia ella y otros ni se olían que aquel día verían una explosión en medio de la oscuridad. La luna se alzaba en una noche oscura, limpia, plagada de estrellas y cubierta por un cielo despejado. La gente caminaba como un miércoles cualquiera, algunos perdidos por la ciudad, otros saboreando su primer día de vacaciones.
Viajaba como un rayo, a causa de un imprevisto un piano había dejado de sonar y una artista vagaba sola por la ciudad. No había pasado ni un día, no importaba, ambos andaban sedientos, a ambos se les estaban secando los ojos, les faltaba algo.
Sabían que ya estaban cerca,se sentían.
En la sombra de los edificios, en una calle poco transitada, juntos. Costaba respirar, compartían el mismo aire, calentaban el callejón, explotaban sentimientos e irradiaban luz. Detenían el invierno, sombreaban la oscuridad de aquel lugar con su soledad compartida. Raros, en un lugar normal, al borde de miradas susurrantes a su paso. Cuerpos desnudos en su pequeña atmósfera, una atmósfera ligeramente más pequeña de lo normal, dos de apenas metro y medio y un poco más en una, dos cuerpos unidos, pegándose más y más queriendo derretirse y ser uno.
Invierno,bajo cero quizás pero entre ellos parecía verano, calor, cariño. Sus brazos se rodean desde poco más de 60 días pero lo hacen tan fuerte como nunca lo habían hecho.
El piano debe volver a sonar y ella debe marchar, no por mucho rato. 
Los callejones huyen de ellos mientras las miradas se centran al pasar, pero vuelven a rebotar como hicieron apenas minutos antes contra ellos.
El tiempo pasa rápido y a la vez lento, el reloj corre pero ellos sienten cada momento como que durara años, ambos deben separarse, los platos se comen en caliente, un calor que se quedaba templado porque no paraba de aumentar, la clave la encontraron en las cosas pequeñas, en las que no destacan entre la multitud.
Deben soltarse, cuesta y vuelven sin parar, lógico, quién no prefiere estar al calor de un corazón antes que al frío de la soledad. Sus manos se sueltan, se despiden hasta verse un día más. Parece que es un hasta siempre, su olor queda grabado debajo de su piel. Llegará el día que su luz se vea entre la noche, llegará el día que las sábanas se enreden entre su cuerpo hasta que salga el Sol. El tiempo pasa rápido, apenas 90 días casi y como si fuera ayer.
Buscaran un callejón donde solo sus miradas se vean entre la oscuridad, donde no exista el frío ni el paso del tiempo, les da igual donde, les da igual como, les da igual cuanto y hasta cuanto llegar.
Son así de raros.

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