Arrancamos hojas cuadriculadas de nuestra pared cada, lo que llamamos, mes. A veces marcamos fechas relevantes, para nosotros, cada uno la suyas: cumpleaños, aniversarios...
Hace un calendario todo era distinto, cambiaba las hojas cuando me acordaba, a veces de dos en dos. No sabía ni que día era, ni cual era el dibujo que tocaba aquel mes.
Las páginas estaban todas en blanco, no había nada que conmemorar.
Hubo un par de casillas, por estas fechas que quise rellenar el año pasado, marcaron un antes y un después, no se por qué lo hice.
La gente piensa esperanzadora que cada vez que pasa una página se acerca una "nueva aventura", algunos las arrancan fuertemente intentando así olvidar esas cuatro malas semanas.
Qué ingenuos.
Yo creo que deberíamos intentar rellenar cada casilla, vivir cada una como si fuera una única página.
Se acerca el final del año y lagente compra calendarios deseando rellenarlos de cumpleaños, de fiestas, incluso algunos deseando arrancar sus hojas y así, sin darse cuenta, dejar su vida escapar.
No por tapar las casillas que queremos olvidar nos sentiremos mejor, quizás marqué aquellas el año pasado para poder recordarlas y aprender de ellas.
Sin quererlo un día tuve que marcar una casilla de mi calendario, y desde esa página cada vez que veo una con ese par de números la marco una vez más.
A veces las mejores marcas se ponen en una casilla cualquiera e inesperada.
martes, 31 de diciembre de 2013
Vidas encasilladas.
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