lunes, 20 de enero de 2014

Ojos entre una pantalla.

Gafapastas al otro lado de una pantalla, voces impulsivas de amor contenido y añoranza.
Añoranza de sentirla, se la ve al otro lado, fruto de una cámara, alegre, a veces triste, podría estirar la mano pero nunca alcanzaría a tocarla.
Duele.
Hace las veces de espejismo, de fruto prohibido que te tienta a ser probado pero desde lejos, a varios kilómetros de hecho.
Se muestra feliz porque sabe que estás a su lado, a veces te enseña su arte, te muestra como dibuja o como saber pulsar un puñado de teclas que tú, cuanto más escuchas, te das cuenta de que es un hecho inalcanzable que nunca llegarás a conseguir.
Mejor, al final quién quiere escuchar una canción de verdad sí, disfruta tocándola si es capaz, pero más aún si la escucha de autor. Es mi caso, cualquier obra que fluye entre sus dedos, teclas y martillos que pulsan teclas se convierten en ganas de abrazarla e implotarla, corazón con corazón derretidos, formando uno.
Meses van ya desde el comienzo y en su ausencia cercana que mínimo que verla al otro de una pantalla y poder pasar el día, la tarde o la noche debatiendo de programas, música o riéndonos a carcajada limpia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario