Hace no mucho me encontré un pequeño libro, la verdad, no costó mucho abrirlo.
Un libro que comencé a leer sin darme cuenta, un libro que no tardo mucho en convertirse en diario y ahora lo escribo a su lado.
Un diario de dos.
Valoras la compañía, en leer que la historia se escribe entre dos plumas, diferente tapa, misma tinta.
Saber que aunque una quiera arrancar una hoja la otra continúa escribiendo la historia. Que la compañía es lo mejor que hay y no importa el autor ni el lugar donde se escriba ese boceto vital sino la pluma que escriba a tu lado y siga dibujando para que tú tenas que reengancharte, sino ella tira de ti hasta que te pones a su altura.
De ahí que pase lo que pase los momentos secos y lacrimosos sean breves, de ahí que la historia continúe.
Ni enfermedad, ni distancia, ni tristeza, felicidad, alegría... ambas siguen escribiendo y se entrecruzan sin parar.
Saber que solo una dibuja con su tinta, con su toque personal y al tempo a tu lado, en un único diario, unión de tintas, unión de almas.
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