jueves, 13 de febrero de 2014

Monstruos debajo de la cama

Saber que cae la noche y la mente comienza a pensar, que al tumbarse una noche más las lágrimas corren por su rostro, las paranoias surgen, son eso, paranoias.
Ve cosas que son invisibles y preocupaciones que otros no tienen, cosa solo de dos y claro, si un corazón tiembla el otro empatiza.
Imagina pensamientos ajenos, la oscuridad la puede y la culpa se encuentra a 8 kilómetros de impotencia.
Podría vencer a su cabeza, pero tapa su luz con las sábanas. Es fuerte, lo sé.
Transcurren mis noches medidas por el contador al refrescar páginas, al ver su última conexión.
Deseando no leer esas dos palabras: "en línea". Deseando que esté descansando, que se repitan es su cabeza palabras que venzan su paranoia, que oye de mensajes ajenos.
Sufre, ve el final, no lo desea. Esto acaba de empezar, queda todo porque aún no se ha escrito ni lo.más mínimo. Lee y sabe escribir, vive un libro que escribe cada día, un poquito uno, otro poquito otro.
Un libro que comenzó a ser abierto no hace mucho, que casi no posee ni título porque aún no hay con que escribirlo, que carece de índice, repleto de hojas pidiendo ser llenadas y que, aún siendo muchas, seguro que faltaran.
El libro se creó con tapas duras, las plumas escriben con la misma tinta.
Aún no se ha escrito el libro y ya está pensando en el final.

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