lunes, 7 de octubre de 2013

Deslumbrado en llamas por el odio

Igual el amor se corresponde con el momento en el que todo te supera.
Tus sentimientos se descontrolan y no lo puedes evitar.
Sí, no deja de verse el lado negativo y asemejarse al odio. Pero, si es recíproco todo eso, esa oscuridad la mutila una luz.
Una que no viene de nosotros, una que trae otra persona consigo y que está en nuestra misma situación. Ilumina y calienta la mecha en nuestro interior y prende la llama para superarlo todo, al parecer nosotros podemos llegar a hacer lo mismo y que sea recíproco.
En ese caso se produce una explosión tal que cambia la duración del tiempo, hace que el tiempo pasé rápido y de dos relojes separados pasen a ser uno solo.
Que acariciar y tocar esa luz hecha persona, que oíla, verla y sentirla pueda con toda situación.
¿Y si el amor no es más que la forma suprema de odio?
Un odio hacia uno mismo tal, que pierde todo egoísmo y preferencia hacia ese yo, el cual antepone a un nosotros o un yo común.
Tal que se antepone la otra persona incluso antes que uno mismo.
Que nos dedicamos en cuerpo, alma y voluntad a ella como si fueramos nosotros.
Podría llamarse al alma gemela.
He de decir que a mí se me ha presentado, eso creo.
No la vi porque era de pequeño tamaño, rompía los cánones comunes y las expectativas ajenas.
Pero e ahí el truco, nunca sabes donde está, no conoces su apariencia. Aún así su luz me llegó, me deslumbró y prendió en mí.
Igual esque su tan pequeño tamaño retuvo con tal fuerza esa luz que fue acercarse y cegarme de tal manera que por su culpa me odio a mí mismo.

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