miércoles, 9 de octubre de 2013

Una casualidad no deseada

Aún recuerdo, allá por 2005, cuando descubrí lo que cambiaría mi vida; entonces no lo sabía.
Sonaban violines, flautas y guitarras. Parecía rock con toques celtas y encima en mi lengua.
Años escuchándolos, comprando sus discos.
Un día llega un amigo mío y me dice: "oye, que vienen". Son de esas cosas que no te crees , que das por imposibles. Encima no es a tu ciudad, sino a un pueblo de al lado.
Te la juegas, reunes colegas y decides ir, aun perdiéndote una noche de las fiestas de tu ciudad.
Llega el día, una larga cola, una plaza redonda; se hace de noche y llega la mejor casualidad no deseada de tu vida, no la deseas de hecho, casi ni la miras. Ocupa poco, unos grandes y brillantes ojos se hacen ver a cada pasada de foco del escenario y entre la oscurida un pañuelo y unos labios teñidos de rojo se dejan notar. No te fijas, luce de negro, como visten todos pero ella lo sabe lucir.
Levanta su puño al revés que la mayoría, no es el que más asciende pero es el que va a contracorriente.
Se cree una nada, plena inutilidad ingenua, pero esque anda cegada por la nieve de su cabeza. Nieve que tiraron sobre ella pretendiendo congelarla y no dejarla avanzar. Lástina que enciendiera mi fuego y no habrá día que no prentenda descongelarla de ese pasado que la retiene y hacerla sentir verano en un otoño de incertidumbre y desesperación.
No quiere hacerse llamar artista, pero lo es. Igual te canta una heavy como un conjunto entonado de sílabas cual hincha de fútbol. La ves pintar, y aun siendo en escala de grises ves la felicidad y calma que transmite. Es así, sabe hacerlo.
Si tienes suerte destapa su amigo del alma y escuchas su mente fluir entre teclas blancas y negras. Lloran los oídos, se corren los ojos y mueren las almas al sentirla o pensarla.
Derretiría polos y provocaría terremotos aun no ocupando ni el abrazo de un humilde servidor.
No sabe cuánto vale porque una moneda no se ve a sí misma, porque el arte no tiene números, porque ella no tiene barreras y su amor derrumbaria murallas y muros históricos con solo un simple soplido.
Se mira al espejo y ve un pequeño ser, pero su grandeza se no viene de fuera, sino de la explosión de su corazón al haber encendido el interruptor de su gran luz interio. Gracias.

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