Hace no tanto, arropado por la noche y tumbado en su cama, llovía lágrimas en soledad. Recordaba sufrimiento y sentientos dolorosos y nadie podía ayudarle. Su casa se hallaba en silencio, como su corazón. Estaba todo a oscuras y no corría ni un mínimo de alegre brisa por su cara. Despertaba cual alma hundida y retenida por un suelo que no le dejaba avanzar deseando que la noche volviera y llegar de nuevo a su cama y revivir sus pesadillas, dejó los sueños atrás ya hace bastante tiempo.
Un ruido extraño, vivo y constante surge de entre la oscuridad. Reanima a su paso la muerte y la pena que se huele por la casa, por su cuerpo, en su cabeza. Impregna con su olor ropas para dar un recuerdo el día de mañana. Es pequeña en un mundo en el que todos se creen grandes. Tiene los pies en la tierra y consigue desenterrar al alma y darle una razón de ánimo, un mañana. Abre sus ojos para hacerle ver su mirada donde las pesadillas se convierten en sueños y estos en realidad. Todo lo que un día deseó ahora es cierto. Coge su mano, nota su pulso, es vivo, alegre, algo asonante, no suena como los demás, no es música comercial. Hace salir de la mente lo que algunos desearían, lo que merece y recibe, sinceridad cargada con palabras, envuelta en abrazos, acabando en besos. A veces el alma en pena, la botella medio vacía que vió tanto zarpar dejando su puerto roto, azotado una y otra vez por una marea que no supo frenar; saca un brillo especial en los ojos de la pequeña figura, explota que en su propia luz y derrama pensamientos líquidos de dolor, de sufrimiento, de amor. La recoge en un abrazo, fuerte, sus brazos se vuelven cuerdas, sus manos se atan detrás de su espalda y su boca la dice a la cara: "no te dejaré escapar". Y así será.
domingo, 20 de octubre de 2013
Se oyó un corazón latir en el silencio
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